jueves, 30 de diciembre de 2010

2010.

Se hace muy dificil resumir en unas pocas líneas 365 días. A lo largo de la vida, las personas vamos haciendo recolecta de momentos personales importantes a los que identificamos con un año. Siendo jóven, esa recopilación de momentos se ciñen a un simple puñado de vivencias, consciente de que lo mejor y lo peor aún está por llegar. Porque vista la alternativa existente a no cumplir años, lo importante es ir sacándole hojas al almanaque y que venga lo que tenga que venir. Eso si, mi puñado de vivencias cosechado a lo largo de apenas 36 años carece de tanto interés para el gran/pequeño/mediano público que sobra referirse a ellos. Pero lo cierto es que siempre hay un año que recordaremos con especial emoción y para mi, para nosotros, 2010 será el año de mi/nuestras vidas.

2010 ha sido el año más duro de mi vida profesional. Más trabajo que nunca al mismo precio. Más exigencias, más problemas a resolver, en menos tiempo. No ha sido un año grato en ese sentido, con un serio amago de tirar la toalla -mejor, la toga- durante la primera mitad y un regreso tras las vacaciones que me proporcionó una nueva perspectiva y nuevos alientos siempre detrás de una coraza protectora contra el entorno. Soy pesimista respecto a mi profesión, tremendamente escéptico respecto a mi futuro y con una peligrosa tendencia a convertirme en un ácrata dentro del sistema en el que me toca actuar (que, como ya he dicho en otras ocasiones, desprecio profundamente).  Yo no soy abogado, solamente trabajo de abogado, y no presumo o estoy más orgulloso de ello que lo que pueda estarlo de su profesión un barrendero, una dependienta, un enfermero o un electricista. Eso si, es este país que han convertido en una mierda llamado España soy un privilegiado, porque puedo trabajar, cobro puntualmente y puedo pagar mis facturas.

No obstante, la experiencia vital del 2010, ese inicio completamente alocado y frenético de año, de llantos infantiles incomprendidos e incomprensibles, de carreras, de gritos, de ansiedades, paredes sucias, juguetes revueltos e idiomas ininteligibles, la normalización progresiva, el entendernos, el comprendernos, el adaptarnos, el conocernos,... hasta llegar a casi una normalidad familiar absoluta.....esa experiencia vital vivida en el 2010 no nos la quitará nadie, nunca, jamás, de nuestros recuerdos. La sensación de estar modelando una materia prima bruta a tu imagen y semejanza, queriendo que asuma los valores que has mamado desde pequeño y que ellos no llevan en sus genes, es una aventura inenarrable.

El 2010 ha sido el año más intenso de mi vida, el más bonito, el que más satisfacciones personales me han traido porque, además, esas son las únicas satisfacciones que he decidido que quiero tener en lo que me reste de vida.

jueves, 23 de diciembre de 2010

martes, 21 de diciembre de 2010

Con el corazón partío y la cara muy dura.

Ante la inminencia (y fracaso posterior) de la votación de la Disposición Adicional 2ª de la Ley de Economía Sostenible, conocida popularmente como "Ley Sinde", el cantante Alejandro Sanz posteó en su Twitter lo siguiente: "Qué cobardes los políticos españoles, no van a votar la Ley Sinde porque es impopular....Cobardes e hipócritas".

La Ley Sinde promueve, entre otras cosas, la defensa de los derechos intelectuales a través de una comisión que decidiría qué sitios webs vulneran los derechos de autor para, seguidamente, denunciarlos ante la Audiencia Nacional quien podría decretar la cláusura del sitio en unas horas. O sea, mientras que los juzgados han ido absolviendo a los propietarios de las webs que permiten la descarga o el intercambio de archivos al entenderse que no hay delito al no existir el elemento del "ánimo de lucro", el Gobierno pretende hacer un traje a la medida de quienes, en su gran mayoría, les apoyaron electoralmente. A eso hay que unirle el pago del impuesto revolucionario del "cánon" en soportes para copias privadas, que ataca frontalmente el sagrado derecho a la presunción de inocencia: pagando el cánon, todos somos sospechosos de descargarnos contenidos protegidos para su uso público o lucrativo. Todos, presuntos delincuentes absueltos por el pago de la tasa de marras.

Tipos como Alejandro Sanz se promocionan en las diferentes televisiones públicas de manera gratuita, sacan un disco y salen en los telediarios. Tipos como este Alejandro Sanz ponen las entradas de sus conciertos a precio de oro sabedores que, a pesar de los perjuicios que dicen obtener por las descargas que ellos llaman ilegales, nunca nada mejor que la música en directo. Tipos como Alejandro Sanz recurren al Ministerio de Cultura para obtener subvenciones en productos de cuando menos más que sospechosa calidad a costa del erario público. Pero lo que más jode es que tipos como Alejandro Sanz, que viven en el extranjero, que no pasan al menos medio año en su tierra de nacionalidad y que, por tanto, no pagan impuestos en España, vengan a meterse en asuntos de política interna. Normalmente, en estos asuntos, suelo ser muy radical: si no vives en España por voluntad propia y cuestiones meramente económicas (en Miami deben pagarse menos impuestos, claro), ni dejas un duro en España, no sólo estas inhabilitado para opinar, sino que ni tan siquiera les dejaría votar.

No se ha aprobado la Ley (eso ya lo veremos, cuando pase por Senado y Congreso) porque es "impopular", según el cantamañanas este. Se olvida de un principio básico: se gobierna y se legisla en función de los requerimientos de la mayoría. Y si la mayoría no quiere algo, no hay porque imponerla. A eso no se le llama hipocresia, se le llama democracia.

Que hay que proteger la propiedad intelectual, sin duda. Que hay que buscar mecanismos consensuados entre autores y usuarios, también. Que  no podemos permitir que los autores se queden anclados en la obtención de recursos propia de la primera mitad del siglo XX, por supuesto. Internet lo ha cambiado todo y, a lo peor, algun/a histérico/a aprendir de groopie ha logrado conocer la música de su ahora ídolo, gastando su dinero en sus conciertos y comprando su merchandising, gracias a las descargas en la red. Al final, lo que presuntamente les quitan, se los devuelven por otro lado.
Alejandro, antes Magno, luego Sanz, siempre Sánchez, forrado a costa de hacer subproductos para quinceañeras histéricas, de clavarlas con el precio de la entrada en cada concierto, de recibir royalties derivados de ese pendrive que me compro para guardar mis documentos o el cd de las fotos familiares, de promocionarse en medios públicos.....tendrá el corazón partío, pero también tiene la cara muy dura.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Comida de Navidad.


 Cuando trabajaba para el lado oscuro de la fuerza, los almuerzos de confraternización navideña se celebraban por lo general en restaurantes pijo-santacruceros, en esos donde no falta ni el foie ni el cava que, por lo visto, se tienen por manjares exquisitos. Hasta al Club Oliver nos llevaron en mi última comida, donde nos sirvieron un arroz con bogavante que tuvimos que sufrir sin podernos quitar la chaqueta del traje. Luego, con mi paso al populacho, la única comida a la que me invitaron fue en un guachinche de chochos y moscas en Los Baldíos, con manteles de plástico, servilletas de papel y parejas desparejadas de cubiertos. En apenas un año había pasado de comer en clase bussines a hacerlo en un vagón de tercera.

Pero desde hace tres navidades no tengo comida navideña. Los que me pagan, alegando la concurrencia de la tan traida crisis, ya no hacen ágape, ni tan siquiera en el más cutre de los antros. Este año además, bajando las aguas más revueltas que las del Barranco Santos tras un diluvio en Santa Cruz, hasta se agradece que no la celebren, por aquello de los cuchillos potencialmente traicioneros volando de un extremo a otro de la mesa. Así que este año, celebrando mi inclusión en el Régimen de Autónomos (un brote verde zapateril), he decidido reunirme conmigo mismo e irme a almorzar con los mios. Yo, mi yo vehemente, mi yo tierno, mi yo irónico, mi yo violento y mi yo hipocondriaco pretendemos reunirnos para desearnos, como hacen hasta los peores enemigos en estas fechas, todo tipo de parabienes. Seremos seis en la mesa. Solemos llevarnos bien, la convivencia ha sido fácil a lo largo de estos años aunque el conjunto de acontecimientos de estos últimos 365 días ha dado para irnos conociendo mejor y atar lazos más fuertes entre algunos de nosotros. Nos ayudamos los unos a los otros, como los buenos amigos.

Pero no hay manera. Todo reservado. Ni una mesa para seis con una sola silla a ocupar en ningún restaurante de la isla. Habremos de esperar al próximo año, a ver cuántos nos reunimos esta vez.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Prólogo.


El blog “El Abajo Firmante” no nació de casualidad. Nació y creció conscientemente, aunque inconscientemente surgieron algunas de sus consecuencias. Cuando allá por el segundo semestre del año 2006 entré en internet, tecleé “Blogguer” en un buscador, rellené un formulario y elegí un nombre, nunca pensé que iba a tener tanta vida. Vida que le ha dado mis vivencias, mayoritariamente sin ningún interés para un espectador neutral; vida que le han dado los golpes que buscaron cerrarlo y, con él, el futuro de quien lo escribe; vida que le han dado el puñado, pequeñísimo, de lectores que se han aferrado a él; vida que, finalmente, le ha dado la apasionante experiencia de la paternidad.

Lo nuestro no fue un parto normal, aunque no creo que el camino se haya desviado mucho del hecho por cualquier otra pareja en nuestras circunstancias. Por eso, ni somos héroes ni lo pretendemos. Nuestra historia es la del matrimonio que un día se plantea tener descendencia y no lo consigue. Sólo nosotros sabemos lo que hemos sufrido. Intentos, ilusiones, fracasos, llantos, frustraciones, cansancio, presión, engaños, desengaños.

Entonces, con el sabor de la frustración en la boca, te sientas a reflexionar. Qué quieres, cómo lo quieres, qué vida quieres llevar. Podríamos elegir una solución fácil: somos jóvenes, con trabajos relativamente estables, sin más problemas económicos que los de una familia de clase media, con sus préstamos, su coche y su hipoteca, con una mínima capacidad de ahorro,.....disfrutemos de la vida, gastemos en caprichos, viajemos, llevemos una vida en la que no nos privemos de nada. Sin embargo, el puto instinto te empuja sin remedio a adoptar la solución vital más complicada, quién sabe si la más satisfactoria.

Es imposible mantener esta presión piscológica. Tu te estás machacando el organismo y yo la cabeza. Que le den por culo a la naturaleza. ¿Y si adoptamos?. La pregunta desencadenó una fuerza imparable que aún no se ha detenido. Bastó una llamada al 012, teléfono de información del Gobierno de Canarias, una mañana de julio. En apenas 48 horas estábamos rodeados de parejas potencialmente adoptantes en una reunión informativa. De aquella reunión saqué una conclusión: sólo nosotros sabíamos lo que queríamos. Muchos con demasiadas dudas, otros con muchos perjuicios, algunos con demasiadas dificultades y alguno que se pensaba que el proceso de adopción era como ir al supermercado de El Corte Inglés: tengo dinero para comprar y exijo un producto de primera calidad y sin taras (bebé, blanco y sano).

Nunca podré reprochar a nadie el hecho de tener dos hijos etíopes, porque fui yo quien propuso desde el inicio el país de nacimiento y el número de vástagos. “¿Y si los tratamientos llegan a cuajar y hubiésemos tenido gemelos o trillizos?”, me preguntaba. O sea, el riesgo del parto múltiple ya estaba asumido de antemano y donde comen dos comen cuatro.

Antes de finalizar el mes de julio estaba toda la documentación remitida a la autoridad administrativa y a la entidad privada, con domicilio en Murcia, que se encargaría del trámite administrativo. Septiembre fue el mes de los test psicológicos absurdos y de las entrevistas (?) con una trabajadora social. Sólo cabía esperar.

La espera la vivimos de maneras muy diferentes, quizás porque lo somos, y mucho. Mientras yo me aislé del proceso por completo, mirándolo desde la lejanía y no sin ciertas dosis de ironía, ella lo vivió intensamente. Aún hoy conserva infinidad de contactos con las, por entonces, aspirantes a madres que iniciaban el camino con nosotros, o un poco antes o un poco después. Abrió su blog colorín, hizo cábalas, calculaba fechas, se alegraba con las asignaciones ajenas y llorabas los fracasos de otros como propios. Ella siempre podrá presumir de haber vivido algo más de un año intenso, de haber sufrido y disfrutado ese embarazo que la naturaleza nos negó.

Hasta que una mañana de un día de Fieles Difuntos, lunes, recibimos la llamada. Fieles Difuntos. Alguien desde arriba nos había echado una mano. Serían dos, de uno y tres años. Tres fotos por correo electrónico: el mayor, posaba con mirada pícara en una especie de jardín con silla de plástico al fondo; el pequeño, dormía enroscado en una cuna; en la última foto, tocados con cucuruchos de colores, celebraban un cumpleaños, seguramente el de ambos, separado por 10 días en el calendario de septiembre.

El trámite administrativo implicaba celebrar un juicio en el que debía ratificarse, o no, la adopción por parte de sus familiares. El primer intento fue nulo. Faltaba un papel, al más puro estilo de la burocracia hispana. Desde ese momento, y escondiendo a nuestro entorno la fecha del segundo de los señalamientos de la vista, quedaba tener miedo al fracaso y que aquellos cuatro ojos que nos miraban en las fotos no fuesen nuestros hijos, o pensar en positivo y armarnos de paciencia. El 25 de noviembre de 2009 recibimos la llamada definitiva. A partir de ese momento, todo está en el blog.

Nos hemos perdido los primeros años de sus vidas. No sabemos casi nada de su pasado, salvo algunos aspectos familiares, las causas de su dación en adopción, la fecha de ingreso en el orfanato, su lugar de nacimiento, su etnia y su religión de origen. El porqué de esas marcas circulares, como quemaduras, por encima y por debajo del ombligo del mayor; el cómo se hizo las cicatrices que pueblan una de sus rodillas y en una de sus cejas; cuándo sufrió el pequeño esa enfermedad que le dejó unas pequeñas marcas a lo largo de sus hombros; si los querían, si los cuidaban. Esa historia no la tendremos jamás y ellos sólo en su subconsciente. Yo, aún así, me  imagino y me acuerdo mucho de esa madre...

Los niños jamás se parecerán físicamente a sus padres (adoptivos).  Nunca tendrán los rasgos genéticos de la familia A. o de la familia B. No heredarán nuestros rasgos, nuestras enfermedades, nuestras calvicies, nuestras psoriasis. Pero eso no quiere decir que me resigne a que no se parezcan a nosotros. Aspiro a que hereden nuestros valores, nuestra forma de ver la vida. A que sean honestos, abnegados, humildes, directos, a que un día alguien que los conozca pueda decir “mira, en eso son como sus padres” y ellos mirar a la gente con la cabeza en alto.

13 de diciembre de 2009; Addis Abeba. 05:00 de la mañana, hora local.

video

Apenas tres horas después de aterrizar, con el frío metido en los huesos, los rastros del cansancio en los ojos y la sonrisa de la ilusión en la boca, ésta era la primera visión de Addis Abeba que nos encontrábamos por la ventana de la habitación del The Lion's Den Hotel. Pocas horas después, la vida tal como la conocíamos nos cambiaba. Hoy hace un año.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Estado de alarma.


El 6 de diciembre, día de la Constitución, el arco iris lucía de este modo sobre nuestras cabezas en la Playa de Los Cancajos, La Palma. Vaya paradoja. Brillaba el arco iris el día en el que la tan defendida Constitución Española había sido mancillada horas antes. El puente en el que se sacó al ejército para parar una huelga y se impide la disolución de las Cortes Generales mientras dure la situación de alarma (esa que no se ha decretado ni cuando ha existido un intento de golpe de estado, o una huelga en transporte público anterior, o cuando se produjo el atentado del 11-M o cuando alguna inundación ha anegado una región), lo pasamos en La Palma, nuestro refugio favorito, en un jardín a la orilla del mar.

El avión fue sustituido por barco; el viaje cómodo, por el movimiento del mar. Perdimos pasajes de avión, un desayuno en el hotel (lo que más me jode, por cierto), algunas horas de paseo y quién sabe si dinero, pero los ratos pasados, las horas de asueto, los momentos entre nosotros a punto de cumplir un año juntos (con ellos) y siete años juntos (entre nosotros), son simplemente impagables.

Hoy hemos vuelto a nuestro particular estado de alarma. Desayuno apresurado, niño que no se quiere vestir, carrito corriendo por las calles, deseo de militarización de los juzgados,...Al menos, nosotros si que respetamos la ley.

viernes, 3 de diciembre de 2010

País.

Cuatro millones y medio de parados, más del 20% de la población del pais bajo el umbral de la pobreza; 1,5 millones hogares con todos sus miembros en el paro; corrupción generalizada en todas las administraciones públicas, bancos y cajas de ahorro que reciben dineros públicos para sus negocios; la prima riesgo-pais de la deuda pública por las nubes; medio milón de familias se encontrarán en febrero sin cobrar ni un cñentimo de euro; el país al borde de la intervención de su economía; los especuladores financieros haciendo su agosto con total impunidad; suben los precios; suben las hipotecas; bajan los sueldos y se congelan las pensiones; habrá que que trabajar más años para cobrar una futura e incierta pensión de jubilación; nos alineamos con Marruecos y nos terminan reclamando Ceuta y Melilla; consideramos socios especiales a Venezuela y nos forma a los terroristas; se permite por omisión que los controladores aéreos secuestren a los ciudadanos de un pais; a estas horas, el ejército asaltando las torres de control de los aeropuertos cual noche de golpe de estado...y yo con la nevera desierta...
Esto nos pilla en el 79 y el ejército, en lugar de tomar las torres de control, hubiera tomado el Congreso de los Diputados. País.

Otra de hijos de puta.

El título del anterior post le puede ir al pelo esta misma tarde, 3 de diciembre (San Francisco Javier) a 1.- el sindicato de controladores aéreos; 2.- a todos los controladores aéreos individualmente considerados; 3.- a José Luis Rodríguez Zapatero.

Esta tarde, el colectivo de controladores aéreos se han dado cuenta de que se encontraban con estrés y palpitaciones cardiacas y se han ido a su casa, con el consecuente caos aeroportuario, con un paísparalizado en su tráfico aéreo de entrada y de salida y con siete peñascos sobre el Atlántico incomunicadas enre sí y con el resto del mundo. Por supuesto, que a nadie se le pueda ocurrir pensar que están en una huelga salvaje. No, se han puesto malitos, los pobrecitos. 

¿Y por qué se da esta situación? Pues porque al más imbécil de los presidentes del gobierno que ha tenido España, en democracia y en dictadura, se le ha ocurrido anunciar con sólo 48 horas de antelación a un "puente" que moviliza a millones de personas por tierra, mar y aire, que va a proceder a privatizar la empresa (AENA) para la que trabajan los controladores aéreros, el colectivo laboral más conflictivo del país y que más daño sabe que puede hacer con sus acciones reivindicativas. Zapatero es imbécil. No es un insulto, es un  diagnóstico. Porque hay que ser temerariamente idiota para hacer esto, algo que podría haber anunciado una vez pasado el "puente" y los desplazamientos por navidad. Pero, claro, Europa lo tiene cogido por los huevos y él nos lo tiene cogidos los nuestros: o anuncias medidas urgentes para recortar el gasto público, o te intervenimos el país. Medio millón de familias sin prestaciones en febrero y miles de millones en gasto económico como consecuencia de esta situación de paro. Hasta Marruecos, un maldito país tercermundista, se toma a este tipo como el pito del sereno. 

Hoy se ha conocido que España tiene 47 millones de empadronados. Al menos 11 millones de ellos son simplemente tan imbéciles como Zapatero, porque poner en el poder a este retrasado mental al frente de una nación es concederles el status de idiotas. Tontos, pero tontos del culo. Cada país tiene los gobernantes que se merecen y este no iba a ser una excepción.

La solución, a toda prisa, ha sido "militarizar" los aeropuertos. ¿Supone ello que van a poder controladores militares en las torres de control? No. Supone que los controladores civiles pasarían por decreto a formar parte del Ministerio de Defensa y que, por tanto, el incumplimiento de una orden superior daría lugar a un delito de sedición. Qué miedo. Me los estoy imaginando asustaditos, pensando en verse en el banquillo de un Tribunal Militar cualquiera. Hay que ser idiotas. Mucho llamarlos desde el gobierno chantajistas, salvajes o secuestradores de ciudadanos...sin darse cuenta de que el problema lo han creado ellos, los ZP, Blanco y esa banda de oligofrénicos que se sientan cada viernes en el Consejo de Ministros.

Mañana me iba a La Palma con Binter. A estas horas no se si saldré, lo más seguro es que no, o que no me aseguren a qué hora salgo. Tengo reserva de hotel pagada hace semanas. Si digo que en estos momentos y desde que me enteré de la noticia me estoy cagando en las putísimas madres de todos y cada uno de los nombrados es poco. Por si acaso, hemos planeado un plan B, con kilos de Biodramina e inseguridad de encontrarnos un muelle abierto para entrar y para salir.

A votar. Vamos a seguir votando a este y a todos los que se presentan. Todos, absolutamente todos, culpables. Los que mandan y los que aspiran a hacerlo. Han llevado a España a la ruina, al caos, a la devastación. Qué pena no poder coger las maletas y pirarnos de esta mierda.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Hijo de puta.

Hasta el mes de junio de este año, y desde hacía 5 o  6 años, era administrador de una página web dedicada básicamente a la actualidad diaria del Club Deportivo Tenerife, web que además tiene su correspondiente foro de opinión. Al margen de otras cuestiones como la falta de tiempo y la falta de ilusión en el proyecto, la gota que colmó el vaso fue un mensaje privado recibido durante ese mes de junio en el que venía a decir algo así como "eres un impotente y por eso te tuviste que ir a África a buscar dos negros y cuando te vea entrar con uno de ello en el colegio X (que identificaba por su nombre) te lo voy a decir a la cara para reirme de ti".

Como no tenía necesidad ninguna de soportar estas tonterías, más sabiendo que con los datos dados debía ser alguien de mi entorno, me di de baja y no quise saber nada más. Pero desd eentonces ando con la mosca detrás de la oreja: muchos datos para ser alguien a quien no conozca, aunque sea de vista.
Esta tarde, a las 15:17, ha entrado un comentario anónimo a la entrada "El regreso (Madrid-Tenerife)", que dice literalmente "por impotente fuiste a áfrica a buscar el par de negros". El mismo mensaje, con las mismas palabras y seguramente por el mismo personaje. Llevo unas semanas publicando el contenido de este blog en mi página de Facebook donde sólo agrego a gente que conozco, no a nadie a quien sólo conozco de vista o con quien no haya tenido el más mínimo de los contactos. Mi intención no ha sido dar a conocer su contenido, sino tender una trampa: muchos me conocen, pero no todos saben que tengo un blog. Muchos otros saben que tengo un blog, pero no conocen la direción. Sin embargo, si entre mis "amigos" dejo el señuelo, alguno entrará y leerá el contenido del blog. Mi blog, además, está enlazado por apenas 3 o 4 blogs a los que no creo que entre gente que me conoce hasta el extremo de saber en qué colegio están mis hijos. O sea, el hijo de puta podría estar entre los "míos".

Sólo un mensaje: hijo de puta, voy a saber quién eres. Sigue picando el anzuelo.

P.D. a las 21:07: Creo (sólo creo) que no se trata de nadie del Facebook . El post sobre "la noche en blanco" se comentó en el foro de Zonablanquiazul y se puso el enlace. De ahí, probablemente el mismo personaje que escribió en privado en el foro volvió a hacerlo esta vez al blog, al que ha tenido acceso gracias a ese enlace. Más cercado está. 

P.D. 2 a las 21:35: He encontrado el mensale privado que me enviaron en su día, en su redacción idéntico al enviado hoy aquí y en las formas a uno que sí he publicado en el post de la noche en blanco: 03 de julio de 2010: Conmigo ahórrese la sorna picapleitos de pacotilla, que te crees Ally Mc Beal y eres un don nadie, por cierto tengo más estudios que tú, abogaducho de cuarta y ahora banéame si quieres cara cartucho, la próxima vez que te vea por la laguna te voy a cantar las verdades cuatro , por cierto, ¿qué tal los chiquillos negros?, tuviste que adoptarlos porque eres un impotente que ni a tu mujer le podías echar un polvo y hacerle un chiquillo y entonces mandaste a pedirlos al africa septrentional meparto meparto meparto meparto meparto meparto meparto y luego habla de leer libros y tener estudios, mándate una papa , la próxima vez que te vea por el NOMBRE DEL COLEGIO DE MIS HIJOS  te voy a gritar cornudo en la misma cara porque tu mujer te la pego con un cubano y tú creyendo que los negros son adoptados jajajajjajajajajjaj a FRANCISCO ES USTED UN IMPRESENTABLE hasta nunca desgraciado

sábado, 27 de noviembre de 2010

La noche en blanco.

Nunca fui mucho de disfrutar las salidas nocturnas. Es cierto que durante le época de mi vida en la que salía (poco), el hecho de no beber, no gustarme bailar, ni los sitios aglomerados, ni las discotecas, lastraba la posible diversión. Pero no, o no me gusta o no sé divertirme en esas situaciones.

Esta noche se celebra en La Laguna la "noche en blanco". Sin negar las buenas intenciones municipales con la iniciativa (dinamizar la actividad comercial -hostelera, más bien- y cultural -?- del casco histórico), la noche en blanco no pasa de ser una enorme montaña de mierda que fluye por las calles de Aguere en forma de marea humana. Porque la noche en blanco, la quieran vender como sea, es eso: una enorme riada de gente vagando sin sentido. Es imposible calcular el número de personas que esta tarde-noche se ha lanzado a la calle. Miles. Familias, parejas, maguerio, pijerio, elementos barriada....Qué se encontraba esos miles en la calle: nada.

Como aún no he desarrollado esa necesidad cuarentona-cincuentona de arreglarlo todo en una tasca, con una copa de vino en la mano y un pincho de cualquier cosa en sesuda conversa, intento buscar esas actividades culturales anunciadas. Que si, que algunos edificios (Ayuntamiento, Obispado, Real Sociedad de Amigos del País, Instituto Cabrera Pinto, Teatro Leal,...) están abiertos -o casi- para visitarlos. Sin embargo, el verdadero tesoro que está en las iglesias está cerrado a cal y canto. Música en la calle por partida doble: el grupito de turno subido a unas tablas, mientras sigue sonando por la megafonía callejera infames villancicos porque a alguien se le ha olvidado apagar el altavoz en ese preciso lugar. Dos chicas haciendo de maniquíes en un escaparate y la exposición del parque de bomberos. Simplemente apasionante.

Y si, gente, mucha gente, demasiada gente, todos andando como zombies, sin sentido ni destino. Caminar por caminar. En algún sitio encontraremos algo interesante que ver o hacer... o no. Ni una cara de alegría, sólo caras de qué coño estamos haciendo aquí si no hay nada que hacer que no sea caminar como imbéciles. La fanfarria de Los Silos, gente, ruido, bares a reventar y empujones. Un placer para los sentidos.

Luego, tras dos horas de paseo, llegas a casa y cuatro indocumentados menores de edad están sentados en el escalón del portal de tu casa comiendo de la hamburgesería de al lado, llenándolo todo de mierda, con sus residuos y sus presencias.

Asumo que, a lo peor, el raro soy yo. Que no sé disfrutar de estas cosas, que no le veo el lado bueno, que tenía que haberme sentado cuando fui adolescente en un portal para comerme un bocadillo. Será que La Laguna que me gusta es la de los domingos por la mañana temprano, de calles vacías, pavimento mojado y olor a chocolate con churros. Será que no me gusta que hayan transformado a La Laguna, que era un lugar tranquilo, en la ciudad "de moda". Será que prefiero La Laguna pueblo a La Laguna centro turístico a la que vienen los santacruceros a pasear.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Otoño.

El otro día leí una frase y me la quedé. "Las 18:30 y a oscuras: el invierno es un hijo de puta".  Aunque queda un mes para que comience el invierno y las estaciones meteorológicas no tienen cualidades humanas, la afirmación esconde una gran verdad. Tras meses de tardes claras, la naturaleza y el reloj impuesto por presuntos expertos nos atormenta con tardes oscuras desde antes de las seis de la tarde y con mañanas soleadas cuando las nubes no lo impiden, desde más temprano de lo deseable. Y eso que para mi, desde hace once meses, las mañanas comienzan más temprano de lo que jamás lo hicieron.

Aún cuando reconozco que prefiero el invierno al verano, el frio al calor, la ropa al despelote, el alargar la luz del día durante horas y poderlo disfrutar especialmente cerca del mar es impagable. Pero las estaciones de la segunda mitad del año son muy perras. Entristecen. Se trabaja más. Hay menos horas para el tiempo libre.

El otoño de La Laguna es una mezcla de calor veraniego, fría neblina ocasional y chubascos finos que esos que calan.  Hojas secas en las aceras del camino que lleva a los niños a la guardería y al colegio que tienden una alfombra ocre sobre el asfalto y las losetas rotas del pavimento patrimonio de la humanidad. La Laguna, patrimonio de la humedad, como leí una vez en una pintada callejera.

El otoño es esa época en la que da pavor regresar a casa los lunes por la tarde, circulando por una autopista del sur oscura y bacheada. El otoño es olor al humo de las castañas asadas en tardes de calor. El otoño es un estado de ánimo bipolar, donde a veces está despejado y a veces nublado.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Pasando.

Yo voy, como mucho, una vez al año al médico (siendo generoso). Y esa única vez que acudo al matasanos me lo apunto en todos lados para que no se me olvide la cita: en la agenda del teléfono, en la nevera y hasta me lo tatuaría si fuera necesario. Sin embargo, por lo general, la gente pasa de todo. Esta mañana, de las tres vistas que tenía señaladas, en dos de ellas las señoras actoras se habían olvidado de que tenían juicio. Tócate los cojones. Resulta que a lo mejor en tu puñetera vida tienes un puñetero juicio y va y ese día, precisamente ese día, te olvidas. "Ah...¿pero hoy es día 15?", me respondió con voz medio dormida a las 09:40 quien debía estar en el tanatorio de lo social a las 9 en punto. A las 10 apareció como si nada hubiese pasado. Menos mal que había apagado el incendio y no la tuvieron por desistida, lo que realmente se merecía. La otra: "Es que yo no he firmado citación para ningún juicio", me juraba y perjuraba mientras en la otra mano sujetaba la fotocopia del auto de señalamiento firmado en tinta azul de puño y letra de la susodicha un día de mayo de 2010.

Hoy, en la consulta del sur, una señora se ha ido decepcionada porque lo único que podría reclamarle a su empresa eran unos 50 euros. "Con las ganas que tenía de meterle una demanda", dijo resignada. Claro, se ponen a ver "Sálvame" y todas esas chorradas donde los famosillos ponen "enmanosdemisabogados" cualquier tontería y se creen que todo el monte es orégano.

Y así pasan los días, de forma anodina. Por la noche, y eso sería cuestión de otro post, reflexionábamos en casa sobre lo bien que se venden algunos compañeros de profesión, frente a los que nos vendemos fatal. De este chico no hacemos carrera.

viernes, 12 de noviembre de 2010

sábado, 6 de noviembre de 2010

Androfobia.

En el país donde todos los que no comulgan con las ideas de los que mandan son "fachas", en el que todos los curas son una banda de pederastas, donde se la cojen con papel de fumar por lo que dice un escritor de derechas cuando uno de izquierdas había contado un episodio similar años antes en su autobiografía, donde el hombre que veja a la mujer va a la cárcel y la mujer que veja al hombres es una heroína, donde se movilizan por defender a un juez presuntamente prevadicador mientras se quedan de brazos cruzados ante las miserias sociales, donde se defiende el mantemimiento del trabajo abarantando el despido, donde ha de primarse el acceso a un determinado puesto de poder por razón de sexo y no de valía, donde hay un "progenitor A" y un "progenitor B", donde la "y" ahora es "ye",......en este país, lo único que faltaba es que, en una vuelta de tuerca más en la absurda deriva en la que estamos sumidos, una nula demanda social diera lugar a cepillarse nada más y nada menos que unos 2000 años de tradición jurídico-histórica y de Derecho Romano y cambiar las normas de Registro Civil, de tal manera que el apellido paterno ya no prevalezca sobre el materno. Partiendo de la base que en una de las últimas reformas del Registro Civil ya se permite optar por poner como primer apellido el de la madre , sin imposiciones, (por lo que la reforma, como tal, sería innecesaria), debemos quedarnos no con el hecho en sí de la norma, sino en su espíritu: el gobierno paritario sigue en su cruzada de diabolizar (casi) todo lo que huela a hombre. Ahora resulta que el hecho de que el primer apellido del hijo sea el de la familia paterna es una manifestación de "machismo" y de "sumisión  histórica de la mujer". Hay que joderse. Me los-las veo manifestándose ante las embajadas anglosajonas atacando a la tradición de que las mujeres pierdan su apellido de soltera en favor del apellido de su marido, total, quizás una tradición milenaria. 

Esta absurda política de gestos hacía una minoria (éstas de las neo-lesbo-femininistas y de la progresía gay) lo que pretende es interponer una cortina de humo entre los problemas reales, los que si le importan a la gente, y esta realidad paralela en la que nos quieren hacer vivir.

Varones, hombres, machos,.....hemos nacido culpables y culpables deberemos acabar nuestros días. Malditos romanos, creadores del derecho civil. Precisamente aquello que nos achacan, la "sumisión" de la mujer al yugo testicular derivada de una simple tradición histórica debe ser modificada de golpe vía Boletín Oficial del Estado estableciendo un estado laico y andrófobo. Viva la igualdad de género.

domingo, 31 de octubre de 2010

Jalogüin.

Lo peor de esto de la fiesta de Halloween no es la celebración en sí, sino la banda de imbéciles que la fomentan. El viernes por la tarde podían verse colas en un establecimiento de La Laguna, especializado en complementos para fiestas, mucha gente haciendo cola para comprar disfraces y demás mamarrachadas. Otra, mientras tomábamos un refresco en una terraza, le decía a alguien "mi marido y mis hijos se disfrazan esta noche y salen a tocar puertas para que les den caramelos. Total, ya que estudían el idioma, que también conozcan las fiestas.". Hombre, visto desde ese punto de vista, ya podrían celebrar, en lugar de Halloween, la fiesta esa de la carrera del queso rodante de Cooper's Hill, para ver si, al menos, hay un poco de suerte y se parten la crisma (so riesgo de que al partirse el melón no salga nada de dentro). Y es que en mi casa suena el tiembre, se abre la puerta, veo a un grupo de niños (sólos o en compañía de otros), me sueltan lo de "truco o trato" y me piden caramelos, y ninguno de ellos sale ileso del umbral de la puerta.

Si no tuvieramos demasiado ya con la invasión anual del puto Papá Noel como para sufrir la patochada esta. Estoy de las calabazas vacías, máscaras presuntamente monstruosas, de programas especiales en televisión y de referencias a esta fantasmada hasta los mismísimos. Hoy, en el Corte Inglés, una mariquita de esas que hacen pruebas de maquillaje en la primera planta iba con una especie de cuello de capa draculesca, tez pintada de blanco y supuesta sangre en la comisura de los labios. Luego, caminando por un centro comercial, han aparecido dos fulanos disfrazados de no se qué, con unas hachas ensangrentadas de juguete. Porque iba con niños; sino, les hubiese metido a todos dos patadas en los huevos, por idiotas.

jueves, 28 de octubre de 2010

Sentenciados.

Lo había visto dos horas antes y presentaba buen semblante, indicativo para los que estaban dentro y, sobre todo, fuera de la sala. Su fama le precedía. "¿Cómo está hoy el jefe?", preguntaba más de uno sin ruborizarse al funcionario de turno acerca del humor con el que se había levantado su Señoría Ilustrísima esa mañana. Hay quien, incluso, dependiendo del  estado de ánimo del susodicho cambiaba su estrategia sobre la marcha, "Si hoy le digo esto o si le propongo esto otro me machaca", decían.

Con algo más de cuarenta y cinco minutos de retraso sobre la hora prevista, la inhabitual abogada intentaba explicarle, de forma sonriente, el por qué la hasta hace poco intimísima relación de amistad existente entre trabajadora y la familia del empresario hacía imposible poder ofrecer un acuerdo satisfactorio para las partes. "No es cuestión de dinero, ya es algo personal", repetía.

Sin dejar de mirarla, y con una inicial media sonrisa que se fue tornando en un rictus que mostraban unos ojos inyectados en sangre, ni corto ni perezoso le dijo: "Mire, letrada, yo tengo muy mala leche....y a lo mejor no le limito a estimar la demanda, sino que interpongo multa por mala fe y temeridad, condena en costas y lo que se me ocurra, así que usted verá...."

"No actuamos de mala fe", respondió ella con una apabullante sangre fría, aunque con voz temblorosa, "traigo testigos que acreditan nuestros argumentos y vienen a decir verdad", aclaró. "Ya, eso también lo dijo el último al que le metí una multa por temeridad y libré testimonio al ministerio fiscal por falso testimonio....", sentenció su Señoría.

Con un malhumorado "venga, vamos a ver si acabamos esto rápido..." mascullado entre dientes mientras emborronaba el margen derecho de un papel de oficio, y un intento del abogado de la demandante por no explotar de la risa justo antes de comenzar su alegato inicial, comenzó la vista. Palabras, palabras, palabras... hasta que la abogada, a la que se le cambiado la sonrisa por ojos de cordero a punto de pasar por el filo del machete, propuso a sus testigos.

- "Tengo dos testigos, Señoría", dijo solemne. 

- "Qué pasen", respondió el magistrado-juez que por turno correpondía, "a ver qué mentiras vienen a contar".

jueves, 21 de octubre de 2010

Las laboralmente improductivas tardes de jueves de un padre "canguro".


Las tardes de los jueves es la semanalmente asignada para ejercer como "canguro" o cuidador de dos, en ocasiones, pequeños cabrones a los que hay que ir a buscar a guardería y colegio, desvestir, vestir, dar de merendar, entretener, vigilar y controlar para que la casa no se convierta en un dislate. Como soy de natural quejoso, ya vendrá la madre a decir que ella hace esa misma función lunes, martes y, próximamente, miércoles pero en mi descargo diré que yo no estoy en posesión de la santa paciencia de la que ella disfruta.

Hoy, no obstante, la tarde está transcurriendo por unos caminos de absoluta tranquilidad: el pequeño, resfriado, sólo hace dormir y emitir un llanto quejoso, aunque aún le han quedado fuerzas para darle al play de la minicadena y poner su música (si, él se autogestiona en ese sentido: conoce el funcionamiento del aparato y, cuando le apetece, no sólo lo enciende, no sólo pincha el botón play sino que, además, se defiende buscando la pista musical que más le gusta). Al mayor ha ido a buscarlo al colegio la abuela (que si sacas al pequeño, puede coger frío) y, nada más llegar, ha pedido la merienda, ha sacado la mesa y las sillas infantiles de Ikea y las ha colocado en medio del salón, donde se entretiene recortando un libro de colorear con las tijeras. Pokemon en la televisión, que discurre sin el más mínimo intereses por sus potenciales televidentes.

Yo no he podido hacer nad laboral. Eso si, al llegar, he podido hacer las camas, lavar la loza, llevar al pequeño a mear y a cagar al orinal dos veces, pasar la escoba, fregar la cocina y recoger el salón. No me dio tiempo al mediodía-casi hora del almuerzo de recoger nada en el despacho, ni siquiera de abrir el maletín y sacar las carpetas de los juicios de hoy, así que la tarde ha transcurrido de manera completa y absolutamente improductiva desde el punto de vista laboral. Supongo que ya he cumplido en el resto de la semana, con mis señalamientos, mis consultas, mis negociaciones ad futurum y las improvisaciones en juicios como el de esta misma mañana. Mañana volveré a mis ratios de productividad, así que por una tarde a la semana no pasa nada.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Una tarde movidita.

Al que inventó meter un día de fiesta un martes habría que cortarle las glándulas testiculares. Trabajé el lunes a destajo, tanto que por la mañana la mesa del despacho parecía otra...hasta que el regreso del sur trajo consigo de nuevo el lio de carpetas y papeles sueltos. Todo para parar en seco el martes y volver a arrancar de golpe un miércoles lluvioso.

Hoy, después de mucho tiempo o quizás por primera vez, le he cogido miedo a un cliente. Miedo físico. Si fuera "mi" cliente ya hubiese renunciado a su defensa, pero como hay un intermediario por medio no me quedará más remedio que continuar hasta que puede decir basta. Lo cierto es que cuando ha salido del despacho he notado como las manos me temblaban, mitad por ese sentimiento ante la mirada de perturbado del sujeto, mitad por intentar aguantar las irremediables ganas de soltarle un guantazo ante su prepotencia. Me ha soltado tantas mentiras que lo he cogido al vuelo a los 30 segundos, los primeros tras entrar en la consulta sin cita previa, como un caballo descobado y cerca de las ocho menos cuarto de la tarde. Llevaba buscándome dos semanas, pero en las dos se marchó sin dar mayor explicación de que era demasiado tarde.

-" ¿Y me tengo que gastar veintipico euros enun burofax para entregar los partes de confirmación?", me preguntaba con rictus desencajado.

-" Hombre, es que la paloma mensajera aún no ha sido homologada aún como medio de notificación fehaciente", le contesté mirándole a los ojos.

Entre eso, el argentino que en su país la ley es mejor que en España (pero vengo a la "madre patria" a buscar lo que no consigo en mi país) y la señora que para justificar la invalidez de su marido repetía una y otra vez que ella había tenido un cáncerhacecuatroañosyahoratengoenemasenlospulmones (señora, el que está enfermo es su marido...) he tenido una tarde de lo más entretenido.

martes, 12 de octubre de 2010

12 de octubre.

La diferencia entre el independentista y el nacionalista es que al primero se le ve venir de frente, con sus argumentos caducos y gastados, mientras que el nacionalista es un zorro escurridizo que en días como hoy habla de metrópoli y colonia para, mañana, apoyar los presupuestos generales del estado (español) a costa de que su chiringuito siga en pie. El primero no cambia de discurso, por manido y ridículo que pueda ser. El segundo es una alimaña peligrosa.

Esto viene a colación con los comentarios leídos y escuchados durante el día de hoy emitidos por parte de conocidos y no tan conocidos a vueltas con la festividad del 12 de Octubre, todos en el sentido de que hoy no tenían nada que celebrar. Eso si, hoy ninguno ha ido a su oficina, ni ha abierto su tienda, ni ha ido a la universidad, ni ha devuelto su prestación por desempleo o su beca pagada por el opresor-estado español como coherentemente deberían haber hecho.

Al otro extremo, una televisión local radicada en el Puerto de la Cruz, que ha pirateado recientemente la señal de TDT, emitiendo sin licencia administrativa, que como cada año ha emitido la película "Raza", una oda al falangismo o, mejor, al franquismo escrita por el propio Francisco Franco. Una visión nauseabunda de la rancia españa de los años 40, propia del NO-DO, emitida como exaltación (?) de la extraña españolidad de la que presume el propietario de dicho canal, quien hoy es un un ferviente seguidor de Fuerza Nueva pero a la vez defiende los postulados de Coalición Canaria. Un ejemplo claro de la esquizofrenia política en la que se vive en esta bendita tierra. 

Si la España que defienden estos patriotas de pacotilla es ésta, a mi que me borren.

Si la Canarias que promueven los nacionalistas es la excluyente, la de insultar a los que no piensan como ellos, la de llamarnos colonizados, la de pedir estupideces como un DNI canario, la de pedir leyes de residencia (qué paradoja, los mismos cuyos abuelos emigraron para hacer fortuna hoy piden que no se deje entrar a nadie en esta tierra).... que me avisen para exiliarme lo antes y lo más lejos posible. Yo en esa Canarias no quiero estar.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

29-S.

A estas horas de la noche la mejor conclusión que se puede sacar de la jornada de huelga de hoy es que la hamburguesería de debajo de casa está cerrada y, con ella, la banda que se reúne debajo de la ventana cada noche haciendo bulla. Anoche uno de los colombianos que trabajan allí me decía que iban a cerrar por miedo a los piquetes, mientras yo les persuadía para que abriesen bajo el argumento de que " por aquí arriba les da mucha pereza venir". Ahora, escuchando el silencio de esta noche, pienso en la tremenda tontería que pude haber provocado si mis palabras hubiesen tenido alguna influencia sobre los chamos. Por tanto, gracias Cándido, gracias Toxo, por esta noche de paz.

Eso si, no deben estar igual de agradecidos el buen puñado de pequeñas empresas y sucursales bancarias que han amanecido, sobre todo por los alrededores de la casa sindical, con las cerraduras selladas con silicona y clavos. Hoy ha sido uno de esos días en los que uno se pregunta porqué es abogado en lugar de cerrajero. El gremio de los cerrajeros, con Cándido y Toxo.

Mi presencia matutina, al poco de que el reloj hubiese señalado las nueve, en el tanatorio no pasó desapercibida. Algunos funcionarios me miraban extrañado y alguno, incluso de la escala máxima, preguntó por mi presencia allí. "¿Y tu, no estás secundando la huelga?". Trabajo los sábados, domingos y festivos....qué coño de huelga voy a hacer.

Estos días me he hecho dos reflexiones en torno a la huelga y mi papel como abogado laboralista (o sindicalista, como algunos gustan decir). Primero, me pongo en la piel de esa trabajadora que hoy tenía juicio reclamando sus salarios impagados después de haber presentado una demanda hace 10 meses y en la cara dura que tendría que poner servidor cuando le explicase que hoy no me daba la gana de celebrarlo porque me iba a poner de huelga. O sea, era cuestión de poner en una balanza mi derecho individual y personal a la huelga o el derecho de la trabajadora a la tutela judicial efectiva y, fundamentalmente, a que el procedimiento se le resolviese lo antes posible. Mis derechos e/o intereses particulares jamás deben perjudicar los de la persona a la que represento.

Sin embargo, a pesar de mis nobles intenciones, mi gozo en un pozo: media hora más tarde de la hora prevista me anuncian que los juicios del día se suspenden por repentina enfermedad de su ilustrisima. Total, que como la otra parte no podía asistir al nuevo señalamiento para dentro de tres semanas, me lo colocan para dentro de nueve meses.

La segunda reflexión me ha surgido tras pasarme toda la tarde trabajando en el despacho/cubículo y es muy sencilla. En una jornada como la de hoy me pregunto, ¿quién hace más por la lucha obrera? ¿el huelguista o el que ha ido, como cada día, a defender los derechos de los trabajadores a pie de obra, en los juzgados?

Esta mañana yo me he puesto la toga, he presentado escritos, he recogido mandamientos de pago. Por la tarde he hecho papeletas de conciliación y he dejado esbozado un recurso. Pero yo he ido a trabajar hoy y no merezco mención alguna como defensor de los trabajadores. Tócate los huevos.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Rafa, ministro de transportes.

Se ha debido caer el Facebook. Al intentar acceder sale el mensaje de "Service unavailable", así que habrá que esperar mejor momento para seguir fisgoneando en la vida de los demás y permitir que los demás lo hagan en la tuya. Como creo que alguna vez he contado, en gran medida he sustituido la terapia que representa este blog por la que me proporciona Facebook, sobre todo porque es más fácil decir una barbaridad en pocas palabras y que sólo te lean tus "amigos" a volverse loco a hacer "literatura" expuesta a todo dios. Si algunos mojigatos se echan las manos a la cabeza con algunas cosas de lo que he escrito aquí, si leyeran mi muro de Facebook podrían tirarse por el puente Galcerán, ese donde ahora la niñateria ha puesto de moda poner en su reja candados para demostrarle amor eterno (ejem) a alguien.

Esta mañana Rafa se ha ganado a pulso el título honorífico de asesor en materia de transportes terrestres de El Abajo Firmante. Durante un breve paseo hasta El Corte Inglés ha ido vendiéndome las bondades del sistema de guaguas frente a la modernidad del tranvia: demostró un amplio conocimiento no solamente en duración del viaje Santa Cruz- La Laguna y viceversa, sino sobre la situación de las paradas más estratégicas, nomenclatura de las distintas línea y trayectos. Total, que su capacidad de convicción fue tal que tras presentar ese recurso apresurado que vencía ayer, en lugar de cruzar hacia el tranvia, volví sobre mis pasos y, otra vez frente a El Corte Inglés, esperé a que llegase la guagua. Desde la última vez, hace por lo menos 4 o 5 años, que cogí una guagua rumbo a Los Realejos haciendo el trayecto "canario conoce tu tierra - conoce el norte profundo", no me subía en una. Mientras que viajar en tranvía es hacerlo en la Europa escandinava, hacerlo en guagua es viajar a bordo de la canoa de un balsero cubano. En la guagua, el suelo y los asientos vibran, el ruido del motor de diesel es ensordecedor y el aire acondicionado se limita a la apertura de las ventanas. Me transportó a mies tiempos de estudiante en el Viera y Clavijo.

Sin embargo, esas eventuales incomodidades no pueden esconder una realidad: el trayecto, en tiempo, se reduce a practicamente la mitad. Mientras el tranvía, de punta a punta, tarda 37 minutos, la guagua lo hace en 20 (sin atascos). Además, si desde la última estación del tranvía (La Trinidad) hasta mi casa, a paso ligero, son 10 minutos, desde la estación de guaguas son apenas 5 minutos de paseo relajado. O sea, que puesto a poner en una balanza comodidad y rapidez, opto por lo último. Por tanto, gracias Rafa por el consejo. Tienes más conocimientos sobre transporte público que el consejero del ramo del Cabildo, un tal Borrego, que hace honor a su apellido.

PD: La señora del otro día del "No le veo muy entusiasmado con este asunto" ha decidido finalmente que no quiere que se lo lleve. Esta noche he decidido no dormir a modo de lamentación. Según ya me adelantó el mismo día, a modo de puyita, se iría al Sicariato, donde seguro le proporcionarián un asesoramiento riguroso y simpático. Yo, desgraciadamente, sólo le podía asegurar lo primero.

PD 2: Hoy era la primera tarde sin consultas de la semana Sobre la mesa apilados, tengo dos montones: los papeles que tienen dientes y los que ya tienen hongos. Cuando ya habia cogido carrerilla  entre comillos y setas, me interrumpieron tres golpes en la puerta. Me había hecho dos llamadas a horas intempestivas de trabajo y, al no contestarlas y no tener tiempo material para devolverlas, decidió que el abogado llevaba mucho tiempo incomunicable. Desde La Orotava a La Laguna para ver "qué hay de lo mío", sin previo aviso y bajo la excusa "es-que-necesito-el-dinero-porque-estoy-haciendo-arreglos-en-casa". Ya le he dicho que el más interesado que está en que cobre soy yo, no para arreglarle sus obras, sino para que me pague y ver si me lo saco de encima.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Mentir es pecado.

Debe ser que era lunes y, por sistema, es un día que me pone de mal humor.
Quizás es porque llegué al tanatorio a eso de las 9:30 y salí pasadas las 13:15. A lo mejor era porque después de salir del juzgado tenía que coger el tranvía, chuparme casi 40 minutos de trayecto, más otros casi 10 caminando hasta el despacho-cubículo, ir a buscar a mi hijo al colegio (otros 3 minutos de ida y 15 de vuelta), sentarme a comer a las tres menos veinte, terminar a las menos cuarto, salir en coche rumbo al sur a las 3, llegar a Playa de Las Américas a las 4 y terminar de pasar consulta a las 7 para hacer otra hora de carretera hacia La Laguna, donde me esperaba terminar 4 demandas que vencen dentro de 2 días porque los santos cojones no sé muy bien de quién han hecho que me envíen la documentación cuando les ha salido de ahí.

También puede ser porque esta mañana me ha pasado por delante una molesta espinilla que una vez se me atravesó en mitad del camino. "Hola Fran", me ha dijo. "Hola, hijolagranputa", he pensado en contestarle.

El caso es que, en fase de conclusiones de un juicio en el que la empresa ha venido sin abogado, pero con una señora muy mentirosa, no he tenido otra ocurrencia que soltar "Señora, mentir en un juicio está muy feo y además es pecado". Que conste que ella me había llamado mentiroso primero, así que fue en legítima defensa. Eso si, señora y acólitos/testigos se volvieron locos y empezaron a removerse en el banco y a soltar alguna que otra frase en mi contra. No esperaba menos.

"Espera a que se vayan, o si quieres sal por la puerta de detrás", me dijo su Señoría mientras le pedía disculpas por la ocurrencia. Me hizo un gesto con la cabeza como diciendo "Olvídate, que les den por culo" y salí, donde esperaban los cuatro de la sala, más el marido de la interfecta, para ponernos bonitos, al trabajador y a mi. Chorizo fue lo último que me dedicaron, mientras una de las seguritas, botella de agua llena en mano, se dirigía hacia ellos.

"No le veo muy entusiasmado con este asunto", me diría horas más tarde, en el sur, una señora mientras miraba los papeles de su despido. " Si quiere le bailo una jota, no te jode", he estado a punto de decirle. Pero ya había tenido bastante por hoy.

sábado, 18 de septiembre de 2010

A vueltas con la huelga general.


"Esta es una huelga contra la resignación y la impotencia. La huelga es para hacer retroceder la reforma laboral y las políticas sociales del Gobierno. Vamos a hacer retroceder la reforma, que no le quede la menor duda." Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CCOO, 17 de septiembre de 2010.

El 14 de junio de 2010 los sindicatos mayoritarios anuncian la convocatoria de huelga general para el 29 de septiembre. Tres días más tarde, el BOE publica el Decreto Ley de medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo.El 15 de septiembre de 2010 se publica en el Boletín Oficial del Congreso de lo Diputados la aprobación definitiva del Proyecto de Ley de reforma laboral.

La conclusión en la que desemboca las anteriores declaraciones y el iter legislativo de la reforma es que los sindicatos convocantes nos tendrán que explicar cómo luchan contra la "resignación" cuando ellos mismos se han resignado a que se apruebe la ley, y tendrán que explicar cómo van a hacer retroceder algo que está firmado, aprobado y en ejecución.

Esta debe ser la primera vez en la historia en la que se convoca una huelga general contra una reforma laboral que ha sido aprobada sin la más mínima oposición sindical. Las más mínimas normas de la coherencia nos invitan a pensar que una huelga de estas dimensiones debe celebrarse antes de que sea aprobada, para hacer reflexionar y, en su caso, rectificar.al gobierno de turno frente a la presión de la calle. Pero no, los sindicatos más representativos, viva imagen de la connivencia con el ejecutivo durante los meses de mayor destrucción de empleo, se apuran a celebrar una huelga contra un hecho consumado, en parte, unas veces gracias a sus silencios, otras veces merced de sus tibiezas.

Lo segundo que debe hacernos reflexionar sobre esta pantomina huelguista convocada para el día 29 es el lema elegido. Dicen los sindicatos que "Así, no". Con ello dan a entender que, si bien "así", con las formas elegidas, no están de acuerdo, quizás si lo estarían si las formas hubiesen sido otras. Conclusión: no están en contra de las medidas adoptadas, sino que se trata de una mera cuestión estética. Así, no; a lo mejor de otra forma, si. Si la tan mal llamada reforma laboral es tan mala desde la perspectiva sindical, ¿no hubiese sido coherente unirse bajo un simple "No" rotundo? No cabe duda que ni siquiera los propios sindicatos quieren la huelga, fundamentalmente porque ellos mismos saben que la misma llega tarde, cuando hay más de cuatro millones de parados, cuando cientos de miles de personas carecen de prestaciones sociales e, incluso, de asistencia sanitaria, cuando el PIB está por los suelos y el déficit por las nubes. Ellos lo permitieron y callaron. Ahora, desbordados por los acontecimientos y lo aplastante de las cifras, no tienen otro remedio que lavarse la cara delante de los suyos intentando dar una bofetada al gobierno al que han encubierto desde hace más de seis años.

jueves, 16 de septiembre de 2010

16-S

No se quería dormir, pero todo tiene una explicación. Mientras su hermano mayor se obliga a dormirse empujando su cara contra el cojín que sirve de respaldo al tres plazas del salón, el otro corría de un lado para otro hasta que se paró al borde de la mesa y empezó a hacer fuerza. A las 10 de la noche me tocó cambiar el último (y primero, todo hay que decirlo) pañal del día. Si me dicen que lo que lancé por el retrete era la mierda de un señor de 40 años, hubiese jurado que era así. No hay duda, está bien alimentado, a juzgar por la cantidad de lo que defeca.

Hoy ha sido un día marcado por tres acontecimientos:

1.- Por la mañana he comparecido en el tanatorio de lo social, como siempre en los últimos tiempos, sobre la bocina. Soy como el lanzamiento de un baloncestista yugoslavo en la final de la Copa de Europa, siempre en la última décima de segundo. Lo que ya no me atrevo a decir es si certero o no. Iba a un acto judicial que dí por hecho que se celebraría frente a algún simpático funcionario del lugar y a suspender un juicio, así que elegí vestuario de día de asueto y dejé la toga hecha un ovillo sobre una de las sillas de mi despacho-cubiculo.

Hay un juzgado de lo social que es particular. Sea quien sea el juez o secretario que se ponga al frente del mismo siempre, irremediablemente, comienza las vistas con una hora de retraso. "Es una plazo de cortesía", me decía alguien irónicamente ayer, pero lo cierto es que desde la huída-fuga del último juez titular hasta el constante chorreo de señoritas licenciadas en derecho a las que sacan de una lista y les ponen una toga para hacer justicia (?) nadie, absolutamente nadie, comienza las vistas a la hora señalada. Hoy, evidentemente, no podía ser menos.

Para más inri, el acto a celebrar delante del simpático funcionario se celebraba en sala, delante de otras dos simpáticas funcionarias de mayor rango. Y yo sin toga. Así que la única opción que me quedaba fue pedirsela a Lizundia que, ni que decir tiene, me la cedió gentilmente. Han sido dos minutos con su toga, pero el aura de divinidad, de infinita sapiencia, me ha perseguido todo el día. De hecho, por la tarde he ido a Correos y le he dado una charla coloquio al cartero acerca de la influencia de Martin Heidegger en las corrientes de pensamiento filosófico existencialista durante el siglo XX. A estas horas el pobre hombre no se ha recuperado.


2.- Desde hoy, y con efectos de 01 de septiembre de 2010, soy oficialmente trabajador autónomo. Porque después de 12 años, y un paréntesis de unos dos años y medio en régimen general, le he dado la patada en el culo a eso que llaman Mutualidad de la Abogacía, que sirve para que te manden una infumable revista contándote lo rentables que son, qué nuevo pisito han adquirido en Madrid y para colgarte el teléfono cada vez que intentas hacer una gestión a su servicio de atención (?) al mutualista. Tras mes y medio de peleas, faxes, correos electrónicos y llamadas a un 902 he logrado suspender aportaciones.

La Mutualidad da la sensación de ser el típico chiringuito financiero, con piratas bebiendo en la barra, que cualquier día dará el petardazo y se quedará con nuestras aportaciones de años. Ahora, que se metan "todos nuestros operadores están ocupados" por el culo. Aviso a navegantes: quien pueda huir de la Mutualidad, que lo haga. Lo único que me jode es haberle maquillado esta mañana las cifras a ZP: le he creado empleo.


3.- A colación de lo anterior, hoy ha dado gusto ir a la administración de la Tesorería de la Seguridad Social que está en La Higuerita. No sólo porque he entrado y antes de que me sentara ya estaba saliendo mi número por la pantalla, sino porque me ha tocado un funcionario de lo más competente. Me ha aconsejado, me ha asesorado, se ha levantado a hacer la correspondiente consulta, ha tenido paciencia, ha sido de lo más atento y hasta me ha dado la mano al final de la operación. Inimaginable en el tanatorio, donde la inmensa mayoría del funcionariado, sobre todo los nuevos (los clásicos son otro cantar), te tratan como si fueras una mierda togada. Me ha sorprendido tanto la actitud del funcionario en cuestión que he intentado hasta de buscarle explicación al fenomeno paranormal: seguro que mañana sale de vacaciones y por eso está contento, o regresó hoy, o le ha tocado el cupón y mañana lo deja, o quizás la parienta anoche le dejó mojar,....

Esta tarde he dejado la mesa llena de papeles a eso de las cinco y media y me he ido de paseo con los niños y Cris. Más que de paseo, he aprovechado para ir a Correos (¿pero quién es el cenutrio que no sabe que tengo bandeja en el juzgado más trabajador del local?) y, por fin, tramitar la tarjeta sanitaria. Mi nivel de sadismo está llegando a un nivel tal que estoy encantado con que me den cita para un análisis para dentro de siete meses.

martes, 14 de septiembre de 2010

A time goes by.

Las hojas del calendario van pasando inexorablemente camino del final del año. Ayer hizo nueve meses que adoptamos a nuestros hijos y la sensación temporal es difícil de definir: por una parte, da la impresión de que estos nueve meses han corrido más que andado, pero por otra parte parece como si ese tiempo fuese toda una vida de vivencias y sensaciones. Es muy confuso. Aún así, los días siguen pasando, con lo anodino de la calle y lo sensacional de la casa. Porque mientras que cada día entre los setenta metros cuadrados de infranqueable búnker familiar son distintos, con sus gritos, sus llantos, sus alegrías, sus juegos y aprendizajes, lo que ocurre tras sus muros es aburrido y monótono.

Mis visitas al tanatorio de lo social son cada vez más fugaces. Voy, espero, celebro y me voy. Ni camarillas, ni camaradas. Hoy, por ejemplo, con juicio a las 10:10, que se celebró a las 10:10 y duró la friolera de unos 30 segudos, llegué 5 minutos antes, celebré y con la misma me marché.

Y es que no me motiva ni siquiera contar lo de la abogada del otro día, a la que le dije que su interpretación de una sentencia era "torticera" y empezó a clamar contra la palabra, terminando su alegato diciendo que la había dicho "porque soy mujer y joven". Coño, además de fea, acomplejada. "No se preocupe, es que a Francisco no lo conoce; es muy vehemente", terció Su Señoría Ilustrísima. Se equivocó. No soy vehemente, tengo mucha mala leche.

Tampoco me motiva la historia de la otra, la que me dice antes de entrar a juicio en tono chuloputas "préparate para que te ponga la cara colorada" y como le tiro el chiringuito abajo antes de que empiece a hablar termina, tras el juicio, gritando como la loca delante del demandante "yo soy afiliada a tu sindicato (sic) pero hoy mismo me doy de baja, porque son unos gitanos sinvergüenzas". Seré sincero: no encontré argumentos para rebatirle el adjetivo calificativo.

Por no hablar de la consulta del lunes, donde la malagradecida que le debe dinero a un organismo público y a la que le llevo el tema con mero ánimo dilatorio a su favor, a la que le he ganado un año para que busque el dinero, tras ver la sentencia de la Sala que desestima finalmente, y con toda justicia, sus pretensiones dice que "me voy con la sensación de que no se ha hecho nada". Será cabrona la tía. Al abrirle la puerta, con una media sonrisa en la cara y justo antes de mandarla a tomar por culo mentalmente, le dije "Señora, recuerde una cosa: usted ha venido aquí buscando los servicios de un abogado, no de un milagrero."

A estas horas, los niños duermen (por fin) y Cris ve una serie en lo que lo mejor son los anuncios. Mañana, vuelta al apasionante mundo del derecho laboral. Seguiremos informando.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Sigo vivo.

Hace días que no puedo entrar, no sé muy bien por qué (bueno, muy bien no: no tengo ni idea del por qué), en el panel de control del blog, lo que me ha impedido escribir alguna tontería. De todos modos, tampoco es que tuviera mucho que decir o que contar. El regreso a la realidad del día a día ha sido peor de lo previsto. Cuando te rodeas de incapaces y vagos lo cierto es que todo es susceptible de empeorar. Por ejemplo, me gustaría saber qué se ha hecho durante cuatro semanas en un sitio que yo me sé para que al menos el 50% de las consultas que he recibido vengan con el discurso "es-que-estuve-por-aquí-y-la-chicaquemeatendió-me-dijo-que-mejor-esperara-a-que-usted-viniese-de-vacaciones." Más aceite da un ladrillo y hay cerebros que crecieron con escasez de oxigeno y así se han quedado.

Esta tarde he ido a mi despacho-oficina-cubículo en camiseta, bermudas y cholas de playa. Me esperaban aproximadamente unos 500 folios por mirar, clasificar, numerar, sacar el archivador, meter en el archivador y anotar señalamientos y plazos. Máximo confort, música y móvil apagado durante unas cuatro horas. Algún cenutrio (que tengo identificado y al que ya he amenazado, en público y en privado, con dejarle sin futura descendida por la via del rebanamiento testicular) se ha dedicado a repartir alegremente mi número de móvil entre el populacho, por lo que el "qué hay de lo mío" se ha trasladado de la oficina a mi casa, del tiempo de trabajo a mi tiempo de descanso y de una contestación educada a un incipiente váyase a la mierda.

Ayer, a eso de las cinco menos algo de la tarde, cuando salía la segunda consulta por la puerta de la oficina de "Cuéntame" y la que me había dado la lata por teléfono por la mañana insistía hasta el guantazo (la mi me enseñaron en la facultad que el pensamiento no es delito) en que le atendiese sin cita y sólo con animus jodiendi, me apoyé en la pared de donde cuelga el calendario, respiré y me dije a mi mismo "Tienes mujer y dos hijos, debes volver vivo a casa". El enfado hasta ese momento habia crecido, acontecimiento tras acontecimiento, como una bola de nieve hasta el punto de estar a punto de sufrir o un ataque de ansiedad o un ataque de ira. No tengo horchata corriendo por las venas y es imposible, absolutamente imposible, que determinadas cuestiones no me hagan hervir la sangre hasta el punto de estar a punto de mandar a tomar por culo todo y a todos. Pero recordar lo que me espera en casa es recordar que aquí dentro, y en sus aledaños, está lo único por lo que merece la pena aguantar.

Me tienen terminantemente prohibido quejarme en público. Ni que decir tiene que no lo voy a cumplir. De momento aquí sigo, de juicio en juicio, de empute en empute, hasta el infarto final.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Resumen veraniego.

I'm more burnt than Niki Lauda's ear.

El miércoles a las siete de la tarde salí de la oficina de "Cuéntame" con la sensación que en lugar de setenta y dos horas desde la reincorporación habían pasado setenta y dos días. Tener conciliaciones a las nueve de la mañana del lunes en el que vuelves al trabajo no es plato de buen gusto, sobre todo si nunca fuiste de esos niños que deseaban que terminara el verano para volver a encontrarse con sus amigos en el colegio. (¿realmente tuve amigos, en sentido estricto, en el colegio?) De lunes a jueves, entre conciliaciones y consultas, he tratado con unas cuarenta personas. Teniendo en cuenta mi cada vez más acentuada adversión a la raza humana, el sufrimiento post-vacacional ha sido inmisericorde. Eso si, nada de depresiones, ni leches: no he tenido tiempo (y me temo, mirando la agenda de los próximos meses, que tampoco tendŕe en el futuro) tan siquiera de deprimirme.

Este es un mensaje apresurado, desganado, a las 00:30 de un viernes en el que tres individuos se desgañitan insultándose en la tele. Aviso de que sigo aquí, de que el moreno sudoeste gomero se va sustituyendo poco a poco por el pálido tanatorio, que mis (nuestras) primeras vacaciones con niños se han desarrollado dentro de normalidad más absoluta, que he intentado escribir y que no me ha salido nada decente pero que lo seguiré intentando.

Ya, si eso, hablamos, que en Telecinco van a entrevistar a un fulano que dice ser "el hijo de Satán". Seguro que descubren que es abogado.

martes, 10 de agosto de 2010

El regreso (Madrid-Tenerife).

Sería sobre la una de la tarde cuando aterrizamos en Barajas. Pisar Madrid fue como llegar a tierra santa. De Madrid al cielo, dicen con razón, al menos en este caso. Aunque aquella tierra que parecía santa se convirtió en un pequeño infierno.

Primero había que pasar el control de pasaporte de viajeros no pertenecientes a la Unión Europea. Se hacía raro, siendo españoles y con nuestro pasaporte y DNI en la mano, tener que hacer cola con el resto de extranjeros no comunitarios pero, claro, es lo que tiene viajar con dos aún etíopes de nacionalidad, lo que nos costó algunos minutos de espera, dulcificada por la presencia y las palabras de aquella pareja de maduros futboleros argentinos con los que compartiamos viaje de ida a Estambul y regreso desde la misma ciudad. Se hace raro rellenar la ficha de entrada a España y mostrar el pasaporte como un extranjero en su propio país.

En la cinta de recogida de equipajes llegó la primera noticia desagradable. Las dos maletas, la azul y la negra, compradas ex profeso para el viaje, no llegaban. Ya la azul había pasado por el trámite de su pérdida temporal en Addis Abeba aunque finalmente terminaría apareciendo a los tres o cuatro días de nuestra llegada. Esta vez, sin embargo, no aparecieron. Un par de semananas después, la azul, otra vez la azul, apareció en una esquina del aeropuerto de Los Rodeos. La otra nunca apareció, curiosamente la que contenía las cosas de mayor valor. A estas alturas aún no sabemos si se quedó en Estambul o si disfruta del DVD portatil, las películas, la plancha del pelo y la ropa algún maletero con domicilio en el cinturón industrial de Madrid.

Tras interponer la correspondiente reclamación en la ventanilla, junto con nuestros compañeros de viaje, a los que también perdieron parte de su equipaje, los acompañamos hasta la puerta de salida, donde iban a buscar ese coche que once días antes habían dejado aparcado y que los trasladaría a su Murcia de residencia. Aquel momento de la despedida resultó tremendamente conmovedor. Durante todo el viaje, vuelos, esperas, estancias, comidas, paseos, risas, nos hicimos inseparables. Las lágrimas emocionadas fueron inevitables con los abrazos y los besos. Hoy aquella niña Lensa, ahora Victoria, vive feliz con sus padres adoptivos Ginés y María José.

Así, después de once días, llegó el momento de encontrarnos sólos. Un carro de esos de cargar maletas llevaba nuestro único y salvador bolso de mano, al mayor de los dos niños y un montón de ansiedad. El otro, como siempre, apretado contra el pecho de la madre. No quería que yo lo cogiese, casi que ni me acercara. Hoy no se despega de ninguno de los dos. Un vistazo en internet y a las pantallas del aeropuerto sirvió para comprobar que la vuelta a casa sólo era posible en tres opciones: o con ese vuelo que salía en 25 minutos y que, por tanto, era humanamente imposible de contratar; o con aquel otro que salía en apenas una hora, pero cuyas plazas estaban todas compradas; o la última opción, que partía desde tierras peninsulares a las 19:25, operado por Air Europa. Quedaban plazas libres y casi tres horas para que partiese, así que era la mejor (la única, más bien) posibilidad de regresar.

Recuerdo un simulacro de almuerzo en uno de los bares de Barajas, esos en los que te tienes que servir pero que pagas como si tuvieses una pléyade de camareros a tu disposición. Niño en un brazo, bandeja en la otra. Bocadillos de tortilla, botella de agua, batido de chocolate, compota de fruta y seguramente algo más. Nuestra primera comida en casi 24 horas que devoramos más por obligación que por ganas reales de comer. De ahí a la búsqueda de los billetes.

No pudimos cerrar el vuelo de regreso Madrid-Tenerife antes de hacer el viaje de ida. Apenas pasaron 30 horas desde que recibimos la llamada diciéndonos que viajabamos el sábado siguiente sin fecha cierta de regreso. Lo cierto que es debíamos haber regresado un par de días después, incluso con riesgo de pasar al menos la Nochebuena en Addis, pero una gestión de nuestro compañero de viaje a cambio de no montar un numerito por el hotel asignado en primer momento nos sirvió para que los trámites se agilizaran y salieramos de allí antes de lo previsto. Así que la única solución era la de improvisar sobre la marcha el vuelo a Tenerife, el cual tampoco nos atrevimos a hacer por internet en Etiopia a riesgo de perder el vuelo y el dinero por aquello de los retrasos y las conexiones aéreas.

Seguramente, la mayor de las sonrisas que esbocé aquel día fue a la empleada de Air Europa que estaba detrás del mostrador. Era la viva imagen de la cumplida necesidad de volver a casa, como si llevara tatuado en la frente "conmigo viajarás a Tenerife". Cuatro pasajes, dos adultos, dos niños. Último problema del día: los niños no pueden viajar como residentes canarios. La única documentación que tenemos es el pasaporte etíope con un visado temporal de entrada a España. Los padres pueden ser de Canarias, vivir en Canarias y llevarse los niños a Canarias, pero para las compañias aéreas sólo acredita la condición de residente el carnet de identidad o el certificado de residencia. Sólo el coste de los dos pasajes de los niños (supuestamente tasas aeroportuarias e impuestos) costaron tanto dinero como los dos billetes adultos. Los quinientos y pico euros más satisfactoriamente gastados de nuestras vidas.

Otra hora y algo de retraso de nuevo antes de coger el último avión. Más relajados y menos caóticos, agotados los cuatro, el viaje fue una balsa de aceite comparado con los dos anteriores. "Señores pasajeros, en breves minutos tomaremos tierra en el Aeropuerto Tenerife Norte", sonaron los altavoces mientras que por las ventanas se atisbaban las primeras luces artificiales de Santa Cruz. El puerto, el estadio, la autopista, los centros comerciales, Geneto, Los Rodeos. Tierra.

Íbamos ligerísimos de equipaje, pero lo suficientemente previsores. En el bolso de mano, algunos pañales, compotas, pañuelos, toallitas higiénicas y las dos camisetas del Tenerife que les había comprado a los niños poco después de conocer que nos los habian asignado. Era una especie de promesa: cuando pisen Tenerife por primera vez lo harán vestidos del Tenerife. Las cosas de tener un padre futbolero. Hoy, los dos ya son abonados.

Antes de bajar por las escaleras que nos llevaban a la zona de cintas, en la que no paramos, les pusimos las camisetas sobre la ropa que llevaban. Durante el viaje soñábamos cómo sería el recibimiento, quién habría ido, qué sorpresa nos tendrían reservada. Justo antes de salir, justo terminando de bajar las escaleras, en ese momento en el que la puerta de abre por el paso de otros pasajeros, eché un vistazo al exterior. "La que hay montada ahí fuera", dije.

Una pancarta de papel marrón, pintada de colores, y muchos globos nos daban la bienvenida a los cuatro en la barra plateada que separa a los que esperan de los esperados. Padres, madres, hermanos, sobrinas. Gritos y lágrimas de alegría. En este momento sería absurdo poder describir lo indescriptible. Un momento único de sensaciones irrepetibles. El sueño ya estaba aquí. Nosotros respirabamos aliviados después de once días a miles de kilómetros de casa y de casi 24 horas de viaje. Los nuestros lo hacían por vernos sanos y salvos, felices con sus dos nuevos nietos/primos/sobrinos. Los nuevos Alonso. Los nuevos Báez. Los Alonso Báez comenzaban su vida.

lunes, 9 de agosto de 2010

El regreso (Estambul-Madrid)

Con las tres horas de retraso en el horario de salida se produjo el inevitable retraso de tres horas en el horario de salida del vuelo de Turkish Airlines Estambul-Madrid, lo que provocó un caos. Descendiendo de la escalerilla del avión nos encontramos con una marabunta de personas desorientadas entrando por las puertas de la terminal de llegadas intentando descubrir dónde debían enlazar con su destino definitivo. Sólo dos empeadas del aeropuerto en las puertas para señalizar, o al menos intentar hacerlo, a los cientos de pasajeros.

"¡Madrid, Madrid!", le grité desaforado a una de ellas, quien me señaló la puerta tras la cual, de manera inmediata, estaba el arco de seguridad y control de pasaportes. Con niños en los brazos, bolsos de mano y un cansancio infrahumano, hicimos cola para pasar por un control tan desorganizado como se presume a un país como Turquía. De ahí, una breve carrera nos llevó a la mesa de embarque.

- "Nos falta la tarjeta de embarque del bebé. En Addis me dijeron que aquí nos lo arreglarían para poder volver a Madrid", le expliqué a la turca en un inglés macarrónico pero efectivo.

- "Eso no puede ser", me respondió mientras en la puerta que quedaba a nuestra izquierda veíamos como la guagua con dirección a la escalerilla del avión empezaba a llenarse.

- "Pues el bebé no puede quedarse aquí solo". Consciente de la situación, la empleada turca emborronó a bolígrafo el nombre del niño sobre la tarjeta de embarque del otro. Niños llorando, todo por el suelo una vez entramos en la guagua. Todo ocurrió en los cinco minutos, quizás incluso menos, más agobiantes de mi vida. Respiro porque, al final, podíamos volver a España.

Otro vuelo, otra maniobra de despegue con niño subido al sillón del avión sin cinturón, otras cinco horas sin apenas probar bocado y sin descansar. Ni siquiera el avión hinchable y el pequeño azul de juguete que una azafata se apresuró a darles a ambos niños fue suficiente. Uno dormía sobre el regazo de la madre (que cargó sus, por aquel entonces, malnutridos 9 kilos durante 10 horas seguidas de vuelo). El otro seguía con sus llantos. Ni siquiera la visión de la interminable Estambul desde el aire servía para apaciguar ánimo alguno.

Sólo la visión del mapa que mostraban las pantallas del avión, tras poner alguna que otra película infumable, hacía que sintieramos alivio al sabernos cada vez más cerca de casa. Así, tras cinco horas, llegábamos los cuatro a Madrid, penúltima parada tras casi 15 horas ininterrumpidas de viaje.

domingo, 8 de agosto de 2010

El regreso (Addis Abeba-Estambul)

El vuelo de Air Berlín procedente de Düsseldorf que traía a mi familia política alemana aterrizó con seis minutos de adelanto sobre el horario previsto, hecho curioso y hasta sorprendente si tenemos en cuenta que la totalidad de los vuelos nacionales (salvo los insulares) se anunciaban en las pantallas de Los Rodeos como "retrasado/delayed". Cosas de los controladores aéreos, será. Desde la noche del 21 de diciembre del año pasado no pisaba un aeropuerto y, claro, resultó inevitable que algunas imágenes y sensaciones me rondaran ese rato.

El regreso desde Addis a Madrid sólo podría calificarse como de calamitoso. De entrada, costó llegar al aeropuerto, pues una presunta comitiva presidencial etíope paralizó todo el tráfico de la zona a dos horas de la hora prevista de embarque. Tras hacer las gestiones de facturación, tocaba esperar a que en las pantallas se citase a los pasajeros con destino Estambul. Para nuestra desesperación eso no ocurría y sólo podíamos esperar sentados o dando vueltas circulares a la zona comercial de la terminal de salidas.

-"¿Y tu qué coño estás mirando?". Un fulano con pinta de despistado se había parado delante de un abajo firmante en plena exasperación furiosa que le había valido una ligera nalgada a su "recién nacido" hijo mayor. El tipo ponía cara de desaprobación ante mi actitud.

-"¿Qué pasa, que no se puede mirar o qué?", contestó el fulano.

Ya es mala suerte. A no sé cuántos kilómetros de España y el único tio al que le dices algo en un tono asalvajado en un aeropuerto del tercer mundo es español. "No, no se puede mirar", le contesté en mi momento de furia. "Vete a tomar por saco", mascullé: este si que me entendía, así que mejor evitar que me escuchase eso.

Sin contar las tres horas de retraso en el horario de salida desde la capital africana, con sus consecuentes tres horas de literal secuestro de nuestros pasaportes por parte de un "amable" empleado de Ethopian Airlines por culpa de una tarjeta de embarque no expedida, las cinco horas de vuelo hasta Estambul transcurrieron en medio de llantos, intranquilidad y muchísimo cansancio. Es de entender que un niño perfectamente consciente de lo que pasa a su alrededor esté en un estado de nervios generalizado cuando dos aún desconocidos lo suben a un recinto cerrado lleno de gente, le ponen un cinturón que lo ata a una silla y de donde no se puede (o debe) mover durante horas. Sin embargo, no sólo no paró durante horas, sino que el vuelo fue un continuo va y bien al incomodísimo baño del avión, evitando los golpes con sus pies en las cabezas del resto del pasaje y despertando con sus gritos a quienes intentaban dormir a esas horas de la madrugada. Sólo limpiar la zona de tres asientos contiguos que ocupábamos debió necesitar una cuadrilla completa.

Pero todo era susceptible de empeorar, claro que si.

Viajábamos sin la tarjeta de embarque de uno de los niños. Ni se dieron cuenta en la mesa de facturación del ruinoso Bole International Airport de Addis Abeba, ni me dí cuenta yo, con la neurona funcionando a un cuarto de su ya más que mermada capacidad operativa normal. Con todo y con eso, dos minutos antes de embarcar nos dieron los pasaportes y nos permitieron entrar con la falta de esa tarjeta.

- "No se preocupe", me dijo sonriente el secuestrador de pasaportes, "en el aeropuerto de Estambul le darán una tarjeta para el niño sin problema".

Como este no me entendía, no había riesgo: no me costó nada mandarlo a la mierda en un perfeco y fluído español.